"Si quieres ser feliz solo un día, emborráchate; si quieres ser feliz un mes, cásate; si quieres ser feliz un año, mata a tu cerdo; si quieres ser feliz toda la vida, hazte jardinero". Proverbio chino.

lunes, 20 de abril de 2015

Macetas. Algo de historia. Macetas para interiores y macetas para exteriores. Los Patios Cordobeses. Maceteros. Jardineras.

Introducción
A los recipientes, o contenedores, que se usan para cultivar plantas, se les denomina macetas, materas, tiestos, y por extensión, maceteros y jardineras. La maceta o tiesto, quizás sea el recipiente más común, normalmente en forma de cono truncado o tronco de Garófalo, en esta
Típica maceta de barro
ocasión el cono invertido y con un agujero o agujeros en su fondo para el drenaje, sino se pudrirían las raíces, ahogando la planta; no obstante, se pueden encontrar recipientes con variedad de formas, para adaptarlas al medio, y de diversos materiales, como barro cocido, vidrio, plástico, resinas, madera, cemento, piedra, porcelana, madera, metal, si bien antes hay que corregir la oxidación en este último, e incluso macetas biodegradables, fabricadas con fibra de madera y turba, degradándose en el terreno, dejando pasar el aire y el agua, así como dejando sitio a las raíces de la planta transplantada, no constituyendo un desecho, pasando a ser parte del terreno, siendo ideal para semilleros y la
Mi madre con macetas. En homenaje a ella.
agricultura biológica. El uso de macetas es múltiple, tanto para interior como para exterior. Usándolas, además, como  elementos decorativos y arquitectónicos, adaptándose a cualquier ambiente y estilo, incluso con luz añadida, introducida en un macetero, así como con reserva de agua por autorriego. El porqué de su forma, generalmente en forma de cono invertido, no lo sé exactamente, pudiera ser: ¿por más facilidad en su fabricación? ¿ mejor esa forma para el cultivo de la planta? ¿por el manejo de la maceta y su colocación de espacio al agruparse?. Lo que si está claro, es que dicha forma es ideal para colgarlas en una pared vertical, ajustando la maceta perfectamente al soporte que la sujeta, lógicamente, adecuado a su tamaño, y este a la pared. El gran inconveniente de las macetas, es que el sustrato, la tierra, se seca más rápidamente y la amplitud que tienen las raíces es menor, haciendo que los riegos y abonados haya que hacerlos con más asiduidad, sin embargo, gana en manejo de las plantas y su traslado.

Y como colofón a esta introducción, vean la presente ilustración en imágenes, sobre el mundo de los recipientes para cultivar las plantas. Gentileza de Jardinería Sánchez SL. Barcelona. Donde se puede comtemplar distintos tipos de recipientes en macetas y jardineras, así como de diferentes materiales, como: barro, gres, resina, plástico, cerámica, etc. ademas de recipientes autorregantes. Lo que me llama la atención de este Garden Center, es su pulcritud y el buen hacer en sus instalaciones, al tiempo que hacen del arte de la jardinería algo sencillo y práctico, sin necesidad de engorrosas explicaciones del tema, que lo que hacen es agobiar al profano en la materia, pero que tiene necesidad de ella.

Gif, imágenes: Cedidas, gentilmente, por JARDINERÍA SÁNCHEZ S.L. Barcelona. Enlace: info@jardineriasanchez.com

Algo de historia
A lo largo de la historia, el hombre tuvo la necesidad de trasladar las plantas en macetas o contenedores por diversos motivos, empezando con los comienzos de la horticultura y la floricultura, haciendo el traslado de plantas de una latitud a otra, bien en macetas, bien en invernaderos portátiles para especies delicadas, como el que inventó Ward en 1834 y que fue toda una revolución. También, para pasar las plantas del exterior al interior para
resguardarlas del frío, como hicieron los romanos. Cultivar plantas, en macetas, en el interior, porque no soportan al exterior, al ser plantas originarias de distinto clima y ambiente, o simplemente para tener en casa un trocito de naturaleza, adornando las viviendas con plantas y flores, formando parte del mobiliario. Parece que fueron los egipcios los primeros que utilizaron las macetas, conservándose una de las imágenes más antiguas que se conocen, procedente del palacio de la reina Hatsheput de Egipto, un bajorrelieve tallado en piedra, donde se muestra una hilera de árboles cultivados en macetas, tratándose de la Boswellia, de la que se extrae incienso y que dicha reina las mandó traer de la tierra de Punt, en Africa

Imágenes: Arriba, dcha, Portatil de Ward. Debajo, bajorrelieve funerario de la reina Hatsheput de Egipto, con árboles de Boswellia en maceta
Oriental. Por otra parte, los chinos ya conocían en el siglo XII el encanto del cultivo de las plantas de interior en macetas, donde pueden verse en deliciosos grabados de esa época. Parece ser, que los primeros hornos de fabricación de macetas, y por extensión la cerámica y alfareria,
Grabado chino. Siglo XII.
fueron chinos, al menos los más antiguos que se conocen. Los primeros datos de aparición de macetas, datan del siglo VII. “Este conocimiento pasaría a Corea y Japón por el Oriente, y hacia el Occidente, a Persia y el norte de Africa, hasta llegar a la Península Ibérica”.
En Japón, la mayoría de las macetas eran de procedencia china, hasta que encontraron su propio camino en este arte, teniendo como se dice ahora, su propia denominación de origen. A lo largo de este recorrido las técnicas fueron variando, entre otras cosas porque las arcillas eran diferentes y también los métodos de cocción. Sin embargo, hasta la antigua Grecia no se tienen verdaderas referencias, reflejadas en vasijas, de las agrupaciones de macetas o recipientes con plantas. 
La Adonía. Vasija griega.
Cada año se celebraba en Grecia la Adonia, festival dedicado a Adonis, dios de la fertilidad vegetal, creando “jardines de Adonis” simbolizando la muerte y resurrección estacional del joven dios. Sembrando en macetas y recipientes, semillas de germinación rápida, como cebada, lechuga e hinojo, agrupándose en torno a los templos de Adonis y en los tejados, plantas que una vez germinadas eran abandonadas al sol, durante los ocho días que duraba el festival, las cuales se marchitaban y morían, simbolizando la prematura muerte del dios. Esta costumbre, dio lugar a que los países mediterráneos, continuando la tradición, cultivaran las plantas en macetas, agrupándolas con efectos decorativos, en escaleras, patios y balcones, claro está, no con el fin primerizo. 
Reyes, como Nabuconodosor o Salomón, ya cultivaban plantas y árboles en macetas; el primero, jardinero por amor, porque su amada, añoraba el vergel de su país, y el segundo por devota afición. 
En la imagen: Jardines y fuentes de Villa d´ Este, en Tívoli. Italia. By Joe Sohm
En el Renacimiento, y en concreto en el Alto, se recuperó el arte de la jardinería en recipientes, un paso más en acercar la belleza, en el equilibrio hombre-naturaleza-Dios, pretensión esta de los artistas del Renacimiento. Si bien al jardín se le dotó de formas geométricas y en muchos casos en ámbitos todavía cerrados, como en los monasterios medievales, no estuvo, no obstante, exento del uso de macetas. Si hay países, donde en el jardín se usan profusión de macetas, estos son, por antonomasia, Italia y España, cultura que partió del área mediterránea, como hemos dicho más atrás. En España las usaron los jardineros de la Andalucía nazarí, en fusión junto con la arquitectura el agua y la luz, toda una revolución jardinera; el mejor ejemplo, los jardines de La Alhambra, en Granada, España.  En esta época renacentista, diversas obras de artistas, arquitectos, pintores, etc, dejaron constancia del uso de macetas, como Pirro Ligorio, pintor y arquitecto, y su diseño de juegos de agua y jardín escalonado de Villa d´Este, en Tívoli, Italia, declarado Patrimonio de la Humanidad y considerado lo mejor del Alto Renacimiento, o en La Gramática, del pintor barroco, francés, Laurent de La Hyre, donde refleja el uso de macetas.
Macetas en  La Alhambra. Granada. España.
La gramática, de Laurent de La Hyre.
 
Macetas para interiores y macetas para exteriores
Las macetas de interior, además de usarlas para contener plantas naturales, pueden usarse para contener plantas artificiales, pudiéndose usar, siendo obvio, materiales más delicados que las de exterior, aunque es tal la cantidad de materiales que existen, que nada se tienen que envidiar, una u otra. Además de los materiales nombrados al principio, se encuentran las macetas llamadas mendocinas, de barro, maceta de antigua tradición artesana, pudiéndose encontrar en dos formatos: patinadas o totalmente opacas, cocido natural, sin tratamiento posterior. Siendo el cemento una alternativa al barro cocido, dado que una de las características de la mendocina es que se vuelve blanquecina con el tiempo, aunque este pormenor se puede corregir, haciendo que recupere el color e incluso después poder barnizarlas, tanto por fuera como por dentro; con esta opción última, podemos conseguir para la planta una protección térmica, ya sea de calor o frío, independientemente de que esta última alternativa sea buena o no para la planta a colocar.
En las macetas para exteriores, se pueden usar las de barro cocido, plástico, de fibrocemento o de fibra de vidrio, materiales resistentes a la intemperie, existiendo hoy en día una amplia gama de formas y colores, tanto clásicas como modernas; macetas que se pueden colgar o situar a ras de suelo, en patios interiores, terrazas, fachadas, balcones, rejas, porches, parques, avenidas, paseos, jardines, edificios e instituciones y entradas a las viviendas. Las macetas de plástico ligero, no son aconsejables si se sitúan a pleno sol, ya que este material se sobrecalienta pudiendo perjudicar a la planta, si bien es verdad, conserva más la humedad, pero no es lo más aconsejable. Normalmente estos recipientes se suelen usar, en material ligero, como contenedor de la planta, para el traslado posterior de la misma, del vivero o de la tienda, a  nuestra casa, para luego colocarla en otra maceta, o macetero, a nuestro gusto.

Los Patios Cordobeses
No podía faltar a nuestra cita los patios de córdoba y su Fiesta de los Patios, nombrada por la UNESCO, Fiesta Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, en 2012. Las primeras referencias, al Concurso de Patios Cordobeses, datan de 1918 y en 1921, dentro de la Feria de Nuestra Señora de la Salud; pero el primer cartel, anunciando el evento y popularizarse, no fue hasta el año 1933. Al principio, no fue un concurso exclusivo de los patios, sino que al mismo tiempo, lo era de escaparates y balcones adornados. 


Patio cordobés. Durante el Festival de los Patios. Córdoba. (España) 6 de Mayo de 2011. Autor: Miguel Llamas-Flickr. C. Commons.
En la fotografía expuesta, se puede apreciar toda la exquisitez de los patios cordobeses. Macetas, maceteros y jardineras, dejan de competir en belleza, para dejar paso a las verdaderas protagonistas: las flores, en maravillosa amalgama de colores.
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Patio interior con macetas. Cazorla, Jaén. Andalucia
Residencia ancianos. Hnas. Mercedarias de la Caridad. Cazorla. Jaén. Andalucia
Maceteros
Según la definición de la RAE, la palabra macetero, es: 1. Soporte, generalmente de hierro, madera o piedra en que se colocan las macetas de plantas. 2. Especie de red que se utiliza para colgar macetas del techo, como adorno. 3. Maceta, generalmente cuadrangular y muy grande, donde se cultivan varias plantas ornamentales.
Por lo cual, los maceteros son elementos ornamentales para contener macetas con plantas, pudiendo colocarse tanto en el exterior como en el interior, para sintetizar, como ocurre con las macetas. Existen, como las macetas, maceteros de múltiples formas, materiales y de colores, que se pueden armonizar con la decoración que los rodea. No me extenderé, dado que, como he dicho, tienen prácticamente casi las mismas connotaciones que las macetas, pero en otro contexto. Digamos que, permitiéndome una licencia, en la mayoría de los casos, son embellecedores de estas, rompiendo la monotonía de la maceta, pero no son lo mismo, ya que el vulgo tiene la tendencia a confundir maceta con macetero. No obstante, yo soy partidario de la maceta simple, incluso “fea” y “descolorida” por la climatología, aunque antes  habría que ver si va bien con su entorno. Lo que nunca se debe hacer, es que el macetero compita con la belleza de la planta, ya que esta debe de ser el fin primordial, salvo que lo que simboliza la planta, no la planta en si, sea tan importante, que merezca colocarla en un recipiente suntuoso. como correspondería a su rango, como por ejemplo, la palmera Rhapis Excelsa, Kan-non-chicu, sinónimo de poder y posición en Japón, importada de China, donde se planta en macetas de porcelana de exquisito diseño, ribeteada de oro, como puede verse en una de las imágenes.
     Maceteros con Fuchsias en el Parque de Muskau (Muskauer Park) Frontera: Germano-polaca.

Rhapis Excelsa. Palmera Kan-non-chicu. Japón.

Los tiempos han cambiado y hay cosas maravillosas en todos los órdenes, en la materia que nos ocupa, pero muchas veces, tanta rigidez de formas, convierte todo en
Macetero chino. Dynasty Yuan Ming. Museum Frankfurt an Main. C. Commons.
demasiado frío e irrelevante, olvidando que la naturaleza tiene su propio camino y nunca el hombre podrá superarla en belleza, reconociendo, todo hay que decirlo, que el hombre a logrado hacer verdaderas obras de arte en los distintos ámbitos de la jardinería, y que incluso
Macetas decorativas y maceteros. JARDINERÍA SÁNCHEZ S.L. Barcelona.
la ha mejorado, pero también está destruyendo la naturaleza, el inmenso jardín de la vida.

Jardineras
Son recipientes, generalmente rectangulares, aunque pueden tener distintas formas arquitectónicas, dotadas de drenaje en su fondo y hasta disponer de sistema de riego automático. Pueden ser de diversos materiales, como cemento, madera, plástico, piedra, cerámica o metal. Al contener mayor volumen de tierra que una maceta, se pueden plantar, mayor diversidad de plantas y hacer los riegos y abonos más espaciados, incluso árboles y arbustos, pudiéndose agrupar plantas de diferente colorido y tamaño, siempre que tengan las mismas necesidades nutritivas, como de luz, agua, aireación y temperatura.
Jardineras prefabricadas de hormigón. Con árido de mármol. Firma SAS.
Las jardineras, se pueden dividir en prefabricadas o de obra. Las primeras, se pueden usar tanto en el interior como en el exterior, permitiendo su tamaño en vacío trasladarlas de un sitio a otro con facilidad.  Las más pequeñas llevan su plato o bandeja y las más grandes calzos o patas para que no se tapone el drenaje y se encharque; las más grandes pueden llevar ruedas. Las jardineras de obra se levantan en el mismo sitio donde se vayan a usar. En el interior, es fácil verlas en edificios públicos. En el exterior, se levantan sobre tierra o suelo firme, y al ser de gran tamaño se pueden plantar árboles y arbustos.
Jardineras de obra. Capilla de la universidad de Harvard. C. Commons.

domingo, 15 de marzo de 2015

El suelo, soporte de la vida vegetal. Macroelementos y Microelementos. La Ley del Mínimo. El pH. El Humus.


Hasta ahora, como primera lección teórica, hemos hablado de lo que es una planta, las partes que la componen y como se desarrolla, pero no se puede entender esto sin entender antes lo que la sustenta, el suelo.
El suelo es un conjunto de partículas que, junto a su composición química y materia orgánica, sirve de sustentación y a la vez de alimento a las plantas. En su formación, interviene la erosión rocosa, el aire, el agua y la materia orgánica en descomposición. Las capas que se forman al desarrollarse el suelo, se llaman horizontes. Bien es verdad, que las plantas pueden vivir en el aire, medio acuático o medio aéreo, pero haremos más énfasis en las que viven en el suelo, o medio edáfico que, digamos, es más común y que la mayoría conocemos. De su tamaño y de la naturaleza de sus partículas depende su pearmeabilidad y la capacidad acuífera del suelo. Los componentes del suelo, para simplificarlo, pueden ser de tres tipos generales: arenoso, limoso y arcilloso, y a su vez se clasifican en físicos, químicos y biológicos.

Diagrama de la formación del suelo. Fuente: CENAMEC. Venezuela.

Componentes físicos
Suelo arenoso. Debajo, limoso y arcilloso. Fuente: Pixabay. W. Commons.
El componente físico se clasifica por su abundancia y por su tamaño, originando un tipo u otro de suelo. La arena es el componente más grueso de los suelos, oscilando el diámetro de sus partículas entre los 2 m.m y los 0,02 m.m, por tanto relativamente gruesas y hasta visibles. El limo, está compuesto de partículas más pequeñas, de 0,02 m.m a 0,00,2 m.m, no visibles a simple vista, pero también más compacto que la arena. Y para concluir, tenemos la llamada arcilla, sobra decir, que sus partículas son todavía más pequeñas y por tanto más compacta que el anterior, hasta el punto de poder moldearlas en conjunto. No obstante, las medidas expuestas no son exactas, si no orientativas, para hacernos una idea.

Dichos componentes físicos son determinantes para el desarrollo de las plantas y se desarrollaran, en mayor o menor grado, en función del suelo. Estos componentes, normalmente no están en la naturaleza por si solos, si no la suma de los tres, pero hay que estudiar primero el comportamiento de estos tres elementos básicos, para luego poner en práctica el suelo ideal que necesitan las plantas. Un suelo solo compuesto de arena, será muy pobre en elementos nutritivos, ya que al ser un material de partículas gruesas, dejará pasar el aire y el agua con facilidad, dispersando al mismo tiempo las pocas nutrientes. En resumen, será un suelo seco, demasiado aireado y pobre. En el caso del limo, al ser más compacto que la arena,  el aire y el agua pasarán con mayor dificultad, por tanto medianamente aireado, con retención de agua y por tanto más retención de las nutrientes, ya que el limo las posee por su estructura, pudiendo ser un suelo más o menos fértil. En el caso de la arcilla, el suelo más compacto de los tres, retiene demasiado el agua, al tiempo de mal aireado, debido a que apenas quedan resquicios para que estos dos elementos lo atraviesen, por lo tanto será un terreno muy húmedo, encharcado y mal aireado, aunque puede ser rico en elementos nutritivos. Estas proporciones físicas, son las que dan lugar a los diferentes tipos de suelo.

Mapa del suelo. Fuente: APA (American Planing Association)
 Componentes químicos
Todos sabemos, que las plantas necesitan absorber del suelo nutrientes, elementos minerales, para poder vivir y desarrollarse. Son muchos los elementos químicos que existen, llegándose a descubrir más de 60 de ellos en las plantas, pero solo son 16 los elementos básicos o elementos esenciales para que sobrevivan de forma adecuada, teniendo cada uno una función específica. Unos elementos entran en las plantas en gran cantidad y otros en menor, llamándose macroelementos los que lo hacen en mayor cantidad y microelementos los que lo hacen en menor.

Macroelementos esenciales para las plantas

Azufre (S)           
Calcio (Ca)
Carbono (C)
Fósforo (P)
Hidrógeno (H)
Magnesio (MG)
Nitrógeno (N)
Oxígeno (O)
Potasio (K)

Los macroelementos y los microelementos, los toma la planta para su desarrollo, a partir de las raíces y de la siguiente manera. Veamos primero la función de los macroelementos, de manera muy sucinta: El oxígeno y el hidrógeno los toma del agua, utilizándolos prácticamente para formar su estructura, que junto al nitrógeno que forma las proteínas tomándolas del suelo en forma de sales minerales y junto al calcio, esencial para el crecimiento de la planta, son cuatro elementos de suma importancia. Luego tenemos el carbono, muy extendido por toda la planta, siendo fundamental en la fotosíntesis. Los demás macroelementos, los toma la planta de las sales minerales. El fósforo, responsable de las raíces; el potasio de la formación de flores y frutos. El magnesio forma parte de la clorofila, fundamental para captar la energía de la luz, sintetizando los alimentos. Y el azufre, que forma parte de las proteínas de la planta.
Así pues, ya tenemos 9, de los 16 elementos esenciales para las plantas. Los siete restantes, los microelementos, llamados también oligoelementos o elementos traza, porque aparecen en pequeñas proporciones, lo cual no quiere decir que sean prescindibles o menos importantes, son los que vienen a continuación:

Microelementos esenciales para las plantas

Boro (B)
Cobre (Cu)
Hierro (Fe)
Manganeso (Mn)
Molibdeno (Mo)
Zinc (Zn)
Cloro (Cl)

Estos microelementos o oligoelementos, que también toma la planta a través de las raíces, en forma de sales minerales disueltas en agua, tienen papeles parecidos como otros de los macroelementos, actuando conjuntamente, como si fuera un refuerzo, así como otros de carácter propio. Tenemos el manganeso, esencial para la fotosíntesis, como el carbono, influyendo en el aprovechamiento del nitrógeno, en la formación de caroteno, rivoflavina y ácido ascórbico. El hierro, fundamental para la clorofila, como lo es el magnesio, e importante en la construcción de proteínas y enzimas y catalizador en el proceso de oxidación y reducción de la planta.  El cobre, catalizador de la respiración y constituyente de enzimas, interviniendo en el metabolismo de carbohidratos y proteínas y en la síntesis de las mismas. El zinc interviene en la formación de hormonas que afectan al crecimiento. También participa en la formación de proteínas, y en cantidad adecuada se aprovecha mejor el nitrógeno y el fósforo, favoreciendo el tamaño de los frutos. Al boro se le relaciona con los azúcares y su transporte por la planta, también con la fotosíntesis, aprovechamiento del nitrógeno, síntesis de proteínas, en la formación del sistema radicular y regulador del agua. El molibdeno, importante en la síntesis de las proteínas y en la fijación del nitrógeno, siendo asociado a la absorción del hierro. Hay que decir, que cualquier carencia, a la larga o a la corta, puede ser mortal para las plantas, en el caso de este último microelemento se ha constatado que lo es. Y finalmente el cloro que interviene en la función metabólica de la planta.
El esquema, arriba, muestra como las plantas absorben los distintos elementos que le son necesarios y el papel que juegan los tres más importantes: nitrógeno, fósforo y potasio. (1) El nitrógeno, principal responsable del crecimiento. (2) La hojas absorben el oxígeno del aire. (3) El potasio, responsable de la formación de flores y frutos. (4) La luz es captada por las hojas, (5) Las hojas desprenden anhidrido carbónico. (6) Las raices absorben los macroelementos y los microelementos disueltos en agua. (7) El fósforo es responsable de la formación del sistema radicular.

La Ley del Mínimo o Ley de Liebig
Hemos visto los 16 elementos esenciales, componentes químicos del suelo, para que las plantas puedan vivir y desarrollarse adecuadamente. Aunque algunos de ellos entran en pequeña proporción, sería mortal para la planta su falta, es lo que se llama la Ley del mínimo o Ley de Liebig, expresado de otra forma: el elemento que se encuentra en menor proporción es el que limita el desarrollo de la planta. Cuando la planta entra en esta situación, entra en un estado de carencia de un elemento que le es esencial. Para saber que tipo de carencia, habrá que estudiarlo y corregir de forma adecuada aquel elemento que se encuentra en mínimo.
Pero aquí no todo queda dicho sobre los componentes químicos del suelo. Hay un componente aunque  no es un elemento como tal, si no la consecuencia del comportamiento de que los diversos elementos actúen de una forma u otra en el suelo, se trata del pH.
El pH
El pH es una medida de acidez o alcalinidad de una disolución. El pH indica la concentración de iones hidronio, presentes en determinadas disoluciones; para explicarlo de una manera sencilla, es una medida para saber si un suelo es ácido, neutro o básico. Para medir  dicho grado de acidez o alcalinidad, se usa una serie de números que oscila entre 0 y 14, el cero es la acidez absoluta y el catorce la basicidad absoluta. Claro que, dichos extremos, no se dan en la naturaleza, los suelos más ácidos están en torno al pH = 4, mientras que los más básicos alrededor del pH = 11; la neutralidad, el término medio, alrededor del valor 7. Todo esto es muy importante a la hora de cultivar las plantas, ya que según el tipo de plantas, necesitaran, o no, corregir el Ph, cuando hablemos de las tierras y sus mezclas, si bien, hoy día, ya nos venden, en general, siendo de agradecer, las tierras ya preparadas.
Flores de Hidrangea, azules y tonos rosados. Fuente: foto propia
El pH del suelo y factores como los ambientales, la luz, el agua y la forma de verlas el ojo humano, pueden desempeñar un papel en el color de las flores; el mejor de los ejemplos, y de todos es sabido, es el caso de las flores de las Hidrangeas u hortensias, en las que una acidez de 6,0 a 6,2 las puede hacer rosadas y una acidez entre 5,2 y 5,5 las convierte en azules. Así pues, manipulando el suelo, se puede optar por un color u otro. 


Componentes biológicos
Hasta aquí hemos estudiado los componentes físicos y químicos del suelo, pero el suelo está vivo: contiene bacterias, insectos y hasta animales de un cierto tamaño, que producen residuos y reacciones que afectan al suelo y, por lo tanto, a las plantas que sobre el viven. Estos nuevos componentes del suelo, son de dos tipos: seres vivos, como bacterias e insectos y los residuos o productos de la actividad vital de esos mismos seres vivos, como la formación del humus. Seres vivos que tienen gran influencia en el suelo, siendo a veces indispensables para ciertas plantas. Además de modificar la estructura del suelo, su conformación, alterando sus capacidades, como puede ser: la retención del agua, su riqueza mineral o su aireación, así como otras funciones vitales que se realizan en el propio suelo, produciendo residuos que descomponen a su vez otros componentes, dando lugar a otros nuevos. Es el caso del humus, ya mencionado.
El humus
El humus es una masa más o menos negra que resulta de la descomposición de los restos orgánicos, nombre que hace referencia a los restos tanto vegetales como de animales, por la acción de ciertos microorganismos.

Suelo del bosque. Fuente: Pixabay
Bajo esta acción, junto con la del aire y la del agua, la materia orgánica del suelo se descompone y da lugar al humus. No obstante, cuando esa humificación tiene lugar bajo el agua, es decir, en ausencia de oxígeno, se produce una fermentación especial por la cual se forma un humus ácido que la mayoría de las plantas no resisten. Para la mayor parte de las plantas, las tierras humosas, tierras negras, son el mejor sustrato para su desarrollo, aun cuando el humus por si no es utilizado por ellas, sino después de descompuesto en productos minerales. Por otra parte, no se habla de que el suelo contenga, o no, equis cantidad de humus, sino de cantidad de materia orgánica. Siendo muy importante que el suelo contenga dicha materia, para que las plantas encuentren suficiente alimento. No obstante, hay plantas que necesitan de un suelo rico en materia orgánica y otras se desarrollan bien en un terreno más pobre, si bien, son plantas que se adaptan al medio. En el caso de que un suelo sea pobre y quiera utilizarse para un determinado cultivo, habrá que corregir esas deficiencias con materia orgánica, así como para suplir el desgaste natural de los terrenos. Este proceso, entra ya de lleno en el mundo de los abonos y fertilizantes, lo que será un nuevo post.




    




lunes, 23 de febrero de 2015

2ª parte de Historia de la Moda. Breve paseo sobre los accesorios. El abanico. Abanicos Andrés Pascual: una historia de amor.

El abanico


La existencia del abanico, en un avance de su historia, se remonta a tiempos inmemoriales, desde civilizaciones primitivas a más civilizadas, excepto, parece ser, en la Edad Media, donde hubo un lapsus, pero sin embargo pasaría a formar parte de la liturgia cristiana, aunque más tarde, en el siglo XIV, caería en desuso, limitándose su empleo a  las misas solemnes y procesiones papales, pero no era todavía el abanico que hoy todo el mundo conoce, si no el flabellum, compuesto de plumas de pavo real, hasta su desaparición después del Concilio Vaticano II, conservándose su uso en la iglesia griega y Armenia, pero tampoco este era el mismo de origen, si no que ahora se llamaba rhipidion, desarrollándose este a partir del flabelo, compuesto de un disco y empuñadura larga, que podía ser de oro con incrustaciones de piedras preciosas y que el diácono o ayudante de la ceremonia lo usaba para ahuyentar a los molestos insectos del altar, pudiendo ser hasta sonoros en algunas formas de su uso en las ceremonias, como en la India, pasando más tarde a ser de adorno en los altares y en las procesiones.
Procesión del Corpus, en Roma el Papa Flabelli. Litografía 1830. C. Commons
                                                                      El abanico, en sus diversas formas y nombres, fue utilizado para diversos fines, como dar aire, su fin primordial, boato en las ceremonias, espantar molestos insectos, proteger de los rayos solares, avivar el fuego, y no olvidemos, como arma de seducción femenina, donde llegó a crearse un verdadero lenguaje sin necesidad de mediar palabra alguna. Hoy día, puede parecer una cursilería, pero no me digan, cuando una dama llevaba su abanico a su frente levantando el cabello, diciendo a su adorado que piensa en él y que no lo olvida, o apoyar el abanico en
Santa misa en India. Véase el uso del rhipidion, dcha e izda de la imágen. S. Cheakkannal. C. Commons.

los labios ¡bésame! ¡no me digan que no era delicioso! La creación del lenguaje del abanico llega obligado por las circunstancias. En el siglo XIX, como antes, no era fácil para las damas de la alta sociedad europea,  comunicarse con el elemento masculino, siempre acompañadas de sus madres o de la “carabina” de turno, velando siempre por el honor de las doncellas, sobre todo en las recepciones a las que acudían, si bien el lenguaje se extendería a las no doncellas, amantes y casadas. Antes de fijarse este “lenguaje” definitivo, había aparecido otro en París, según cita Boehn, aunque no duraría mucho, llamado telegráfico, donde con la ayuda de un índice telegráfico en su cara interior, expresaba por medio de letras el sentir de sendos interlocutores. No obstante, el lenguaje definitivo del abanico, como ya hemos dicho, sería el deliciosamente gestual del mismo y al que ya hemos puesto un pequeño ejemplo. Es de suponer que, con el invento del teléfono, en 1854, decayese tan delicioso lenguaje, así como la epistolar, hasta desaparecer hoy día con los cambios de libertad y nuevas formas de comunicación.
Flabelos del antiguo Egipto (centro imágen) 1868. N, York Public Library
El abanico tuvo tiempo más que suficiente para su desarrollo, siglos de cambios y de modas, hasta que apareció el primer ventilador, a motor o eléctrico. No obstante, a pesar de los adelantos tecnológicos, hasta llegar al aire acondicionado, nunca desaparecería ni desaparecerá del todo. Seguramente, la necesidad hizo que se inventara el abanico, casi sin pretenderlo, primero utilizando grandes hojas, vegetales, como la Naturaleza las ofrecía, como podían ser las hojas de palmera, y luego pasando a distintos materiales: de plumas diversas, sobre todo, al principio, de pavo real y más tarde de avestruz que eran más recogidas, al ser rizadas, papel, pergamino, paja, seda, cuero, de tul o ricos encajes, etc. En cuanto a la sustentación del pais o paisaje, así se llama a la tela, u otro material,  que va adherida a la baraja o varillaje, si lo lleva, ya que hay abanicos que prescinden del pais y lo conforma solo un varillaje unido por un soporte plegable, estos, así como la empuñadura de los primeros abanicos, pueden estar hechos de ricos materiales, oro y plata e incrustaciones de piedras preciosas, nácar, carey, marfil, de ricas maderas, etc. Aunque el verdadero abanico plegable, en forma de rueda o semicircular, como objeto manejable que conocemos hoy, no llegaría hasta el siglo XVI, sin mango y pudiendo ir el varillaje calado o pintado, siendo su origen oriental, procedente de Japón.  En cuanto a su forma posterior, era conocido en forma de rueda, como ya hemos hecho referencia, el aventador que consistía en una lámina rígida que sostenía un mango en su centro, y la bandera, que se acoplaba el mango a un extremo de la lámina, como dicho artilugio que lleva su nombre.

Abanico de guerra japonés, Gunsen (samurai) 1800-1850. Hecho de hierro, bambú y laca. Museo de Arte asiático. S. Francisco. California. Autor: Broken Sphere. Wikimedia Commons.

Distintas representaciones artísticas, como bajorrelieves, frescos, piezas halladas en tumbas y citas literarias de diversos autores clásicos de los distintos pueblos de la antigüedad, dan fe de la existencia de aventadores y flabelos. Numerosas culturas, como babilonios, egipcios,  persas, así como griegos y romanos, conocían ya tales artilugios. Considerando algunos autores, que los hallazgos más tempranos de este adminículo, se remonta al siglo VIII A. C. en China, abanico no plegable, o sea, fijo, y en el siglo IX, después de C. en Japón el abanico ya plegable y que pasando por China, llegaría hasta Europa vía comercial. En China, el abanico era usado por ambos sexos. Era muy usado personalmente, yendo más allá de refrescar el aire, era un elemento decorativo, además de elegante, fabricado artesanalmente con ricos materiales, como la seda y pintados con suma delicadeza y exquisitez.
Abanico de hierro, japonés, llamado Tessen. Castillo Iwakumi. Japón. Wikimedia Commons.
En Japón, donde se piensa que nació, aunque parece ser que en China ya existía, llegaron a usarlo los guerreros en sus ejercicios y a modo de arma y de saludo. Estos eran de varios tipos, con distintos nombres y estaban hechos de diversos materiales, como madera, latón o hierro, etc, según sus diferentes usos.
Los abanicos egipcios se llamaban flabelos, eran grandes, fijos a un mango largo y de forma circular. En sus principios, estaban hechos de hojas secas y plumas. Portados por esclavos o cortesanos, su uso era obvio, dar aire y espantar a los insectos, al tiempo que era un atributo real, como en otras culturas.
Cabeza de maza de Horus Escorpión II. Autor: Jon Bodsworth. W. Commons
La representación más antigua que se conoce en Egipto, es la cabeza de una maza ceremonial que perteneció a Horus Escorpión II, donde puede verse claramente a dos esclavos portando abanicos. También se hallarían flabelos en bajorrelieves y ajuares funerarios, como en la tumba de Tutankamón.
Los griegos tenían varias clases de abanicos, el miosoba o espantamoscas, el rhipis, para avivar el fuego, y el psigma, para su uso más conocido, refrescar el aire, mediante el movimiento. El flabelo griego  llegaría de Egipto. Eurípides, en su tragedia “Helena” hace referencia a un eunuco que abanica a la mujer de Menelao mientras duerme. Otros autores griegos también los citarían.
Los romanos, los denominarían flabelos, estos pasaron a Roma por la civilización etrusca y estos por la griega. Las matronas romanas eran abanicadas por sus esclavas, lo cual las llevaban consigo allí donde fuesen. No menos lo usarían los romanos en sus convites, haciendo que esclavas, jóvenes sirvientes o eunucos, los usasen para aliviar el calor o espantar los insectos a los comensales. Estos últimos, de menor tamaño, semejantes a los miosobas griegos, los llamaban muscaria.
"Griega con abanico" de una Hydria de Kertsch.
Ermitage. Leningrado. Salvat Editores. Boehn.


Retomando la Edad Media, ya nombrada al principio, decíamos que en el siglo XIV el abanico caía en desuso en la Iglesia, salvo en grandes ceremonias, sin embargo, las primeras referencias del abanico en España, entre otras, suceden en dicho siglo, en la Crónica de Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso, donde se cita “el que lleva abanico” en el que se menciona como labor de nobles que acompañan al rey. También hay referencias de abanicos, entre otros, el que se hizo del expoliado patrimonio, caída en desgracia, de Doña Juana I de Castilla (1479-1555) me niego a llamarla “la loca”. Murió en 1555, pero ya estaba “muerta” hacía casi cinco décadas, como bien dice, Miguel Ángel Zalama, en su libro “Vida cotidiana y arte en el palacio de la reina Juana en Tordesillas”, cuando la encerraron de por vida en Tordesillas, para impedir su sucesión efectiva a la muerte de su esposo, Felipe El Hermoso. Es cierto, que mentalmente no estaba bien Doña Juana, pero no estaba loca, en el sentido que se considera la locura. A todas luces, tendría alguna enfermedad, se dice que esquizofrenia, que en esa época no se la pudieron tratar y que los acontecimientos a que estuvo sometida, algunos infrahumanos, empeorarían su estado mental.
Prosiguiendo con el abanico en España y por añadidura en Europa, las primeras referencias contradicen que se introdujeran los primeros abanicos en Europa por los portugueses en el siglo xv, cuando, como hemos dicho atrás, hay referencias en el siglo XIV, final de la Edad Media, si bien es cierto que los lusos abrieran abrieron rutas comerciales con China y Japón. Pero en España, no solo la vía de entrada fue por Portugal, que sería lo más razonable por su proximidad, si no que fueron también por otras vías, como la árabe o con la conquista de América. No obstante, ya se conocían referencias, o documentación, en las Cortes europeas en el siglo XII.
Imágenes: ( arriba, izda) Abanico de plumas de avestruz. Galeria Schleissehim. / Arriba, dcha. Tiziano. Abanico de bandera. / Abajo, izda. Anónimo. Abanico redondo de plumas de avestruz. Colección duque de Devonshire. / Abajo,dcha. Rubens, grabado de J. Müller. Abanico de varillas abierto. / Fuente: Salvat Editores. 
Obra de Boehn. 1944.
Imágenes: Arriba, izda. Painbus. Abanico con varillaje. / Arriba, dcha. S. Saveri, abanico de varillas. / Abajo, izda. Van Dick, abanico de plumas en cascada. Galeria Liechtenstein. / Abajo, dcha. Caricatura alemana, 1629. Copia de un grabado. Abanico discoideo de plumas de avestruz. / Fuente: Salvat Editores. Obra de Boehn. 1944.

Imágenes: Arriba, izda. Moreau el joven, 1777. Abanico de varillas. / Arriba, dcha. Roslin, 1782. Abanico, pericón./ Abajo. Tiépolo. Fresco de la Villa Valmorana,1737. Abanicos. Fuente: Salvat Editores. Obra de Bohen, 1944.

Lo que si está claro, es que el abanico plegable, como el que se conoce hoy, aparece en Europa en el siglo XVI o XVII, a través de Portugal, aunque hay autores que dicen que primero fueron los jesuitas, cosa que no sería de extrañar, por la expansión de estos a lugares remotos. Personajes influyentes, además de los monarcas, en las Cortes europeas, como, por ejemplo, Catalina de Médicis, en Italia o Enrique III, en Francia, serán de suma importancia en su difusión y moda en occidente. En la obra satírica “La isla de los hermafroditas”, donde se describe la corte del afeminado Enrique III, refiriéndose al atuendo de uno de sus mignons, dice: “Llevaba en su diestra un instrumento que se plegaba y desplegaba, obedeciendo tan solo a la presión de un dedo; se le llama abanico. Era de pergamino recortado con extraordinario cuidado y delicadeza, rodeado de un encaje del mismo material. Lo suficientemente grande para ser usado como sombrilla para evitar la radiación solar, proporcionaba al abanicarse agradable fresco al delicado cutis”. Los abanicos de este rey eran de seda, adornados con encajes de oro y plata. ( Fuente: Accesorios de la moda, de Max von Boehn).

 Sin embargo, en la alta Edad Media, la reina Teodolinda, reina de los lombardos, ya usaba una especie de flabelo plegable, expuesto, junto a otros tesoros que donó a la Iglesia, en la catedral de Monza.El abanico, aventador, flabelo, como quiera se llamase en sus formas, también era conocido en las Indias Occidentales, cuando hemos hecho referencia a la conquista de América. Incas y aztecas los conocían. Colón, a  su regreso de su primer viaje a América, traería, entre los presentes entregados a Isabel la Católica, un abanico de plumas, y  Moctezuma regaló a Hernán Cortés abanicos de magníficas plumas y empuñadura de oro.
Con el tiempo, España pasaría de importador a gran exportador de abanicos, apreciados por su gran calidad, rivalizando con franceses e italianos, productores punteros. En el siglo XVIII, bajo la protección del conde de Floridablanca, se instaló en dicho país el abaniquero francés Eugenio Prost y en el mismo siglo se crea el gremio de abaniqueros y se funda la Real Casa de Abanicos de Valencia. Ya el siglo XIX, el marqués de Colomina tuvo mucho que ver en esta difusión del abanico español, contratando afamados pintores, como Benlliure o Plá. Antes, otros pintores lo añadirian a sus obras, como Velázquez y su dama del abanico. 
"La Dama del Abanico" Velázquez. Wallace Collection.
Generalmente, el abanico, considerado como un arte menor, los artistas no los firmaban, hasta que dejó de serlo y adquirir una importancia inusitada, promovido por la realeza. El abanico fue utilizado, en un principio, por ambos sexos, aunque el tamaño del de los hombres era más pequeño, de bolsillo, pero ya en el siglo XX, pasará a ser de uso exclusivo de las damas. Se consideraba al hombre muy torpe para usarlo. Y hablando de tamaños, existía el abanico de pericón, de grandes dimensiones, utilizado en el baile y la danza, especialmente en el flamenco. Confeccionado con diversas técnicas, entre ellas, la del encaje de bolillos. Una referencia de ello, lo describe García Lorca en su obra “Don Cristóbal y la señá Rosita”, 1937. Volviendo al siglo XIX, España fue siempre más austera en el vestir y tardaría en llegar el colorido, como había llegado ya a otro países de Europa. En esa época, la forma de vestir determinaba la posición social. Las señoras de clase alta vestían con encajes y blondas, mientras las de clase más baja, de paño, salvo que se apañaran para mejorarlo. Entre esas dos clases, estaba la intermedia, la burguesía, tratando de imitar a la clase preferente. Sin embargo, estas diferencias se igualaban en el uso del abanico, usado por las señoras de toda condición social, llegando a ser imprescindible en todos los ámbitos. Viajeros, como Henry David Inglis,  llegó a decir en una de sus crónicas de viajes “la mujer española es capaz de salir a la calle descalza, antes que sin el abanico”.
"Salida de misa en Rocafort" José Benlliure Ortiz. Museo de Bella Artes de Valencia.
En Europa, estuvo muy valorado el abanico español. La cita que hace al respecto Max von Boehn, en su magnífica obra, Accesorios de la moda, es muy ilustrativa. “Los abanicos de cuero españoles eran muy apreciados por estar intensamente perfumados, y en aquel tiempo en que el aseo personal no era tenido en mucha consideración, el fuerte y exquisito perfume disimulaba los olores de distinta naturaleza que se esparcían por doquier. De Ana de Austria, madre de Luis XIV y nacida infanta española, decía una vez la princesa de Montpensier. A pesar de que la reina madre tiene siempre entre sus manos un abanico de piel de España, se percibe el olor de sus llagas”.
Si habría que escoger en España una comunidad donde el abanico fuese más popular, en el sentido de su uso, ya que en su fabricación Valencia es puntera, esta sería sin duda Andalucía. El calor tiene mucho que ver en ello, pero no menos el folclore andaluz y el flamenco. Me atrevo a decir, como un piropo a la mujer andaluza y al abanico que, si todas la mujeres de Sevilla movieran sus abanicos al mismo tiempo, con la gracia y salero que lo hacen, refrescarían la ciudad sevillana.
"A los toros" Cecilio Plá. Colección Lozano Casanova.
Enumerar las anécdotas, curiosidades o leyendas que ocurrieron alrededor del abanico, seguramente haría falta un buen tomo. He aquí algunas curiosidades, algunas entresacadas de la obra de Boehn: Cuenta una leyenda que el primer abanico lo arrancó de un árbol Adán para ofrecérselo a Eva. En el siglo XVIII, considerado la Edad de Oro del abanico, Joshep Addison, cofundador de la publicación The Spectator, decía: “una mujer sin abanico equivalía a un hombre sin espada”. “En Versalles, la etiqueta prohibía abrir los abanicos en presencia de la reina; a lo sumo se permitía que se desplegasen a manera de bandejas para entregar algo a la soberana. La baronesa de Oberkirch tuvo la desgracia que se le rompiese el abanico cuando quiso enseñarle de cerca el brazalete a Maria Antonieta, que era algo miope”. Se dice de Charlotte Corday, cuando perpetró su atentado contra Marat, que no dejó el abanico de la mano en el momento del hecho. Llegó a tal auge el uso del abanico que, en un momento dado, algún médico alertó de su peligrosidad para la salud, alegando, entre otros mil disparates “que nada hay más perjudicial para el cuerpo que refrescar una parte de él cuando está acalorado”. Lo mismo pasaría con el uso del corpiño. Pero, quizá, la anécdota más sonada, en la que interviene el abanico, seguramente fue la del incidente diplomático que hubo entre el gobernador otomano o dey de Argel, Hussein Dey, en 1827, y el cónsul francés Pierre Deval, al golpear el dey a este con su matamoscas, aprovechando Carlos X de Francia para pedir una demanda de disculpa, bloquear primero el puerto y tres años más tarde invadir Argel. Terminando, después de 313 años, con la ocupación otomana y comenzando la colonización francesa en Argelia.
Abanico, pericón. Museu Arenys de Mar. Catalonia.
La forma del abanico, fue más o menos invariable, aunque algunos llevaban agujeros para mirar a través de el o anteojos incorporados; otros, espejos, reloj en su empuñadura y una infinidad de variantes según la forma en que se abriera, como la forma de un violín de director de baile, o la aparición del abanico autógrafo, que cita Boehn, donde su poseedora coleccionaba firmas de personajes ilustres y que no duró mucho. En cuanto a los motivos pintados, no fueron siempre motivos vegetales, escenas bucólicas o mitológicas, si no también versaban sobre acontecimientos históricos y sucesos del momento.
En un uso tan extendido como el del abanico, no faltaron exposiciones. Siendo la primera en importancia, la que celebró el South-Kensington-Museum de Londres, 1870, bajo el patrocinio de la reina y de la alta nobleza de Inglaterra. En la actualidad se celebran muchas exposiciones en España, algunas retrospectivas como las del Palacio Real de Madrid, como la que se hizo en el Museo Lázaro Galdiano, exponiendo 24 abanicos del siglo XVIII, la Edad de Oro del abanico, o la exposición de abanicos que se expone en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí, en Valencia, sin olvidar la exposición permanente Museo del Abanico\ Museu del Palmito de Aldaia, creado por la Asociación de Abaniqueros Artesanos de Aldaia, también en Valencia.

Y otras exposiciones itinerantes, como la de la asociación de pintores artesanos abaniqueros "Abanicate con la vida" que expuso una magnífica colección en el, ya citado, Museo del Abanico, de Aldaia. 
Casa de la Llotgeta. Aldaia. Museu del Palmito. Fuente imágen: Gentileza de la Asociación de Artesanos Abaniqueros de Aldaia y "Abanicate con la vida".
Por su pasado histórico y su importancia con el abanico, tengo que insistir en la Comunidad valenciana, ya nombrada, concretamente el pueblo de Aldaia, donde medio pueblo vive para el abanico o del abanico, llamado allí palmito por los aldaieros. Aldaia fue de siempre un pueblo de artesanos, juguetes, pipas y sobre todo el abanico, eran algunas de sus manufacturas hasta que llegó la Revolución Industrial. La fabricación del abanico fue pasando de generación en generación, hasta nuestras días. Los aldaieros estan dispuestos a que su pueblo sea la cuna del abanico.
Museu del Palmito. Aldaia. Exposición permanente de la Asociación de Abaniqueros Artesanos de Aldaia. Fuente imágen: de "Abanicate con la vida".
Una de las últimas iniciativas, ha sido la creación del Museo del Abanico\ Museu del Palmito de Aldaia, por la Asociación de Abaniqueros Artesanos de Aldaia, en uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad y restaurado para la causa del abanico, La casa de la Llotgeta, inaugurado en una de las fiestas que lleva su mismo nombre, Fiesta del Palmito. Pero no puedo pasar de largo, sin mencionar la fábrica de Abanicos Andrés Pascual, de Aldaia,  ya que han tenido la gentileza, con Macarena Andrés, al frente de la firma, además de propietaria, darme permiso para usar su muestrario de abanicos y su valioso saber, y así completar mi historia del abanico, y que mejor, sin subestimar a nadie, que la solera de esta familia de abaniqueros que, además tiene como fondo, una preciosa historia de amor y en medio de ella el abanico o palmito. Verán porqué:


Abanicos Andrés Pascual: Una historia de amor entre abanicos


Imágenes: En el centro, Carmen Blasco y su hijo Claudio Andrés, iniciadores de la saga de abaniqueros Andrés Pascual. \ En los extremos, bancos antiguos de trabajo y operario varllajero. Fuente, imágenes: Gentileza de Abanicos Andrés Pascual y de la Asociación de Abaniqueros Artesanos de Aldaia.


Erase una vez...una linda y hacendosa moza que se llamaba Carmen y un apuesto y trabajador mozo que se llamaba Salvador. Ambos trabajaban en una fábrica de abanicos. Ella era teladora, él varillajero. Fue amor a primera vista, desde el primer encuentro; primero las miradas, la de ella recatada, la de él incontrolable, como la de todo hombre enamorado, y en medio, como no podía faltar, el lenguaje del abanico. El amor de Carmen Blasco y Salvador Andrés se desarrolla entre siseos de sierra, de tela y de seda, entre aromáticas maderas, aprestos y pinturas y al final la primorosa obra acabada del abanico, como el amor que les unía y les llevaría a la vicaría. Una vez casados, con el oficio aprendido y el amor consolidado, decidieron caminar juntos en la mágica aventura de la confección de abanicos, naciendo la fábrica Abanicos Andrés. Corría el año 1880. Fruto de ese amor entre abanicos, nacieron cuatro hijos. Pero el destino, quizás envidioso de tanta dicha, se llevó a Salvador, dejando desolada a la familia. Carmen no se arredró por ello, aunque más de una lágrima derramó al cerrar el taller de abanicos cada día para volver a la casa, vacía sin su marido, aunque recibía a sus hijos con la sonrisa en los labios. No, Carmen, mujer fuerte, no se acobardó a lo que se le venía encima y además en una época que no era fácil para la mujer, sometida culturalmente al hombre. Continuó con la tarea que comenzó con su marido, sacando adelante a sus cuatro hijos. Esta historia fue el primer eslabón de la saga, para que después continuaran con la tradición abaniquera dos de los hijos de Carmen y luego los descendientes de aquellos, culminando con la actual fábrica de abanicos Andrés Pascual, fundada hacia el año 1960, regentada en la actualidad por Macarena Andrés, biznieta de Carmen y Salvador, hija del fundador, C. Andrés Pascual, llegando a ser este maestro mayor del gremio de abaniqueros. Ya son casi la quinta generación, como dice Macarena Andrés “…ojalá que en un futuro, mis hijos puedan seguir en esta tarea tan bonita y tan nuestra, como es la fabricación y el mundo del abanico, pasando así a ser la quinta generación de artesanos abaniqueros de la familia Andrés”. Y quien sabe, si se repite otra vez otra historia de amor entre abanicos, como la  de Salvador y Carmen.
En abanicos Andrés Pascual, se pueden encontrar sencillos abanicos, pero deliciosos
como el de abajo de la imágen, hasta delicados y suntuosos, de nácar o madreperla, arriba.

Agradecimientos:
A: Wikipedia.\ C. Commons.\ Salvat Editores, Historia de los Accesorios en la Moda, de Max von Boehn, 1944. A Silvia, propietaria de dicha obra.\ Abanicos Andrés Pascual.\ Abanicate con la Vida, asociación de pintores artesanos abaniqueros y a la Asociación de Abaniqueros Artesanos de Aldaia.